El Misterio de las Pirámides Mágicas
En el reino flotante de Gramáticalia, las pequeñas pirámides azules acompañaban siempre a las grandes pirámides negras, asegurándose de que sus nombres fueran recordados. Sin embargo, si una pirámide negra quedaba sola, su voz se apagaba y desaparecía en la niebla del olvido.
Un día, La, una curiosa pirámide azul, escuchó un susurro en el Bosque de las Palabras Perdidas. Allí encontró a Castillo, una gran pirámide negra que se desvanecía en la bruma.
—¡No te preocupes, yo estaré contigo! —dijo La, intentando unirse a Castillo.
Pero un viento dorado la empujó hacia atrás. Algo le impedía quedarse con Castillo.
—No… no puedo unirme a ti —susurró La.
Entonces comprendió: ella no era la pirámide correcta. Corrió en busca de su amigo El, quien sí podía acompañar a Castillo. Cuando El Castillo se formó, una luz dorada iluminó el bosque y otras pirámides azules despertaron, encontrando a sus compañeras: El Árbol, Un Río, Una Estrella…
Desde entonces, ninguna pirámide negra volvió a estar sola en Gramáticalia, y cada vez que los niños decían el sol, una casa o las nubes, sin saberlo, mantenían viva la magia de las palabras.
★★★★★9.0